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El Salgary de la AHS

¿Quién no ha tenido un momento de tranquilidad y sosiego bajo una ducha; a quién no se le han ocurrido ideas brillantes en ella? Pues resulta que gracias a esto conocí la historia de Yasmany González Hernández, un muchacho de 25 años, jefe de sección de literatura, critica e investigación de la Asociación Hermanos Saíz.

“Mientras tengo eso minutos de tranquilidad se me han ocurrido finales de historias, conflictos, desenlaces y muchas cosas más relacionadas con la literatura – cuenta-, así que esos momenticos de inspiración llegan en cualquier circunstancia”.

Cursa el cuarto año de la carrera, pero anteriormente estudiaba medicina, que abandonó en segundo año. ¿Los motivos? la literatura y el escaso tiempo para escribir que le imposibilitaban realizar su sueño.

Portada Libro God's Machine | Autor: Yasmany González Hernández

Portada Libro God’s Machine | Autor: Yasmany González Hernández

Recientemente en la Feria Internacional del Libro se presentó su obra God’s Machine, publicada por la Editorial Loynaz, esto es un paso importante en su carrera, porque lo convirtió en el autor más joven del territorio.

Pero para aquellos que lo conocen saben que es una persona que no calla lo que piensa, se manifiesta, se hace sentir y conocer; claro, por eso y muchas más está valorado como una de las promesas en la literatura vueltabajera.

¿Cómo te convertiste en escritor?

“Desde pequeño fui muy hiperactivo, siempre subido en los árboles, montando carriola, iba a las lagunas a pescar, tumbaba mangos; las cosas que todos los niños acostumbramos durante su infancia, pero a los 12 años me enfermé de los riñones y pasé un largo tiempo de reposo, así que toda esa energía concentrada la aproveché entre la televisión y la literatura.

“En mi casa siempre hubo un gran librero. Mi mamá es maestra de español literatura e historia y el primer libro que tuve en mis manos fue El Principito, me gustó mucho, me atrapó y a partir de ahí comencé esta travesía.

“Luego, con el hábito de la lectura empecé a leer sobre aventuras como las de Julio Verne, Salgary, y otros, gracias a esto le tomé amor a la literatura y a los libros, hasta que con 12 años me pregunté, por qué si hay personas que inventan sus propias historias y escritores las crean, entonces yo no puedo?.

“Intenté hacer algo como una aventura novelada: la historia de tres amigos y uno de ellos se perdía en la sabana africana y los otros iban a rescatarlo; aun creo que tengo la libreta guardada, el nombre si mal no recuerdo era Historia de un safari, eso nunca lo terminé, por supuesto.

“Cuando llegué a la secundaria perdí un poco este hábito, luego en el pre universitario, una mujer llegó preguntando por estudiantes que estuvieran interesados en escribir, ella tenía un taller literario y quería desarrollarlo.

“Esto, claro está, me llamó la atención y decidí sumarme al taller, en el que escribí un cuento titulado Adolescencia, en él traté todos los problemas que tenía una joven embarazada, pero sus padres no lo sabían; fue algo casi inusual para un muchacho de esa edad.

“Gracias a esta profesora, Mireya Valle, lo preparamos y lo presentamos en un taller literario de casas de cultura, el cuento fue premiado. En ese momento se me acerca Eduardo Martínez Malo y me propuso unirme a otro taller literario que él iba a realizar.

“Bajo su tutela estuve un tiempo, hasta que el da por terminado los talleres y entonces seguí por mi cuenta, me desvinculé, pero continué escribiendo, haciendo mis cositas, aunque no estaba afiliado a nada.

“Después Maykel Iglesias me acogió en su taller en la casa de la cultura, Mario Benedetti, aquí fue donde conocí con mayor profundidad muchas cosas sobre literatura.”

Por casi cinco años fue parte de este grupo que se reunía a debatir e intercambiar conocimientos acerca de la literatura, tanto nacional como del mundo. Conoció personas que lo ayudaron, muchos le criticaban sus trabajos, pero la mejor opción era aprender y así lo hizo.

Pasado el tiempo ingresó en el Centro Onelio Jorge Cardoso en el curso de técnicas narrativas, impartido por Eduardo Rafael Heras León, Raúl Aguiar y Sergio Acevedo.

Poco a poco me fui acercando a la revista La gaveta y por ende a la AHS; aun no era miembro, pero la dinámica de trabajo me atrapo y gracias a ella desde hace varios años he participado en Jornadas 13 de agosto sin ser miembro, o en festivales literarios, y claro, publico mis cosas en todos los medios alternativos de la Asociación.

¿Entonces cómo calificas el trabajo en la AHS?

Aunque hayan críticas a la organización creo que no siempre son malas, muchos piensan que debería hacerse más, pero soy del criterio que sí, todo depende de las circunstancias, esto claro está se asocia con la política cultural del país, con las ganas de hacer y trabajar.

Por suerte para muchos, nuestra AHS tiene muchas becas y premios, los que en ocasiones los asociados desconocen, ya sea por incredulidad o falta de conocimiento no participan, pero es un trabajo bien logrado a lo largo de estos años, que gracias a él si hay personas que ha aprovechado al máximo.

Esta dinámica de trabajo es muy buena, por ejemplo, en Pinar del Río, no existía un festival de literatura, este año fue su primera edición, La letra de molde, claro, no fue el gran festival porque recién comienza, pero el apoyo de todos en la AHS fue muy bueno.

Es una institución a la que todos se pueden y deben acercar, todo artista joven que tenga inquietudes y necesidades puede acudir a esta casa y tomarla como punto de referencia o trampolín para impulsar su arte.

¿Cómo joven escritor crees que existe un movimiento literario hecho por jóvenes en la provincia?

“Por desgracia no creo que exista, y digo por desgracia porque aunque si hay escritores jóvenes y los temas tratados son muy contemporáneos, hay una tendencia de hacer una literatura despegada totalmente de Cuba, no como en los ´90 que se hablaba sobre los problemas sociales de la época, los cuentos de becados, ahora es diferente ahora es hecha en Cuba pero desligada del cubano.

“En la provincia esto sucede con la narrativa. La poesía si tengo que destacar que está muy marcada por el día a día, la crítica social y creo que Pinar tiene muchos jóvenes que escriben; a muchos no los conozco, como es lógico, pero muchos están en los municipios, y no se dan a conocer.

“Andrés Rasciel, Yaima Pampillo y yo tenemos algo que se podría decir que es un movimiento literario: La tendedera, un espacio de donde se hace promoción sociocultural de los libros que se publican, también hablamos de autores pinareños y de otras partes del país, pero somos muy pocos, no es suficiente”.

Lo que escribe, para aquellos que poco lo conocen no tiene nada de realista, adora lo fantástico y sus temas van por ese camino, mientras que en la poesía su sello es la crítica social.

En varias ocasiones ha sido invitado a dar conferencias, a encuentros con escritores, también al Festival Internacional de Poesía 2015, a las Romerías de Mayo, al Festival nacional de artistas aficionados, y muchos otros espacios donde su trabajo es reconocido.

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Sobre Monica Brizuela

Monica Brizuela

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