Luis y Sergio: Simientes que se crecen

Y también recuerdo aquellos años 1956 y 1957, cuando estaban listos dos hombres, hombres por coraje, por valentía, por pensamiento, en su forma de crear, formar, dirigir, hombres en la estatura moral de sus ideas y convicciones; niños en la edad, en el amor de sus padres, en los años vividos bajo el cielo de su Patria.

A ellos no podemos considerarlos como dos personas ajenas uno del otro, ellos pasaron juntos a la inmortalidad, como juntos crecieron y forjaron sus ideas; y juntos también tuvieron en su frente la misma estrella llena de luz que atraía a cuantos oyeron su verbo elocuente, sus palabras encendidas de amor patrio; porque amor a la patria, sacrificio por la patria, era lo que ellos en su predicar constante y tesonero enseñaban. Y su verbo se hizo ejemplo. Murieron con esa estrella en la frente, solo que en el momento de su muerte, la estrella brilló aún más… y la bandera los envolvió con la dulzura dela patria agradecida. Y brilló aún más la estrella porque si vivos fueron verbo, muertos seguirán vivos y fueron llama candente que encendió los corazones aún dormidos pero llenos de sentimientos buenos hacia la tierra cubana.

Fueron estrella, fueron chispa, y hoy son frutos en la obra inmensa de la revolución.

Ellos fueron representantes genuinos de la juventud revolucionaria, sus amigos y compañeros los admirábamos, respetábamos; aún hoy, después de 35 años del holocausto de sus vidas, los siguen admirando y amando con la misma devoción de aquellos años de peligro.

Cuando decimos que fueron representantes genuinos de la juventud revolucionaria es porque de ello estamos seguros. Si recorriéramos la trayectoria revolucionaria de Luis y Sergio, trayendo a nuestras memorias los recuerdos aún frescos de los dos compañeros caídos, lo comprenderemos inmediatamente.

Luis, casi un niño junto al inolvidable Jefe José Antonio, constituyendo el Directorio Estudiantil Revolucionario, movimiento juvenil donde tantas vidas jóvenes se inmolaron por la libertad de la patria cubana. Allí en el Alma Máter llegó a Delegado de la F.E.U.; después en su pueblo natal a dirigente del Movimiento 26 de Julio, luchando incansablemente día a día, noche a noche, poniendo en jaque a las fuerzas batistianas con la lucha de guerrillas urbanas, Sergio constante, fiel a la causa revolucionaria, participando activamente en el movimiento estudiantil pinareño. Es por ello que llegó a Secretario de la Asociación de Alumnos del Instituto; seguidor tenaz de cuanta actividad clandestina dirigiera su hermano dentro del Movimiento 26 de Julio, activista ejemplar y valiente.

Hermanos por el claustro materno, hermanos en la lucha incansable por la libertad de la patria, hermanos en la muerte, hermanos en la gloria y en el amor de los que junto a ellos luchamos.

En cualquier circunstancia, en cualquier momento viene a nosotros su recuerdo tan querido. Aún me parece ver sus figuras de andar firmes y seguros por las calles del pueblo natal o frente a una mesa de estudiantes, arengándolos a la huelga contra la barbarie, el vicio, la corrupción, enrojecidos por la emoción, ahogada la voz por el espíritu de rebeldía que tenían dentro. Aún recuerdo sus miradas llenas de dulzura, veladas por la melancolía infinita, ante el sufrimiento de su Cuba adolorida, pero con el chispazo de alegría de todo aquel que se sabe “con el corazón limpio”, útil en la tarea de levantar en “lo alto de la bandera que guardan desde el 19 de mayo de 1859 la llama de la Revolución Cubana”.

Recuerdo sus últimos meses de vida, en los cuales los vimos tan unidos. Recuerdo a Luis, serio, pensador, valiente luchador sin tregua; a Sergio, inquieto, audaz, decidido, pero por sobre todo ello, los veía llenos de amor por la Patria, con el grito de rebeldía en los labios jóvenes y llenos de vida, y con la firme convicción de que el sacrificio de sus vidas iba a ser simiente de la generación que les tocó vivir. Luis lo había dicho; “esta generación nuestra, formada en la lucha de calles, en la reunión conspirativa con el libro bajo el brazo y el fusil en espera, está dispuesta a no fracasar y demostrar el afán de muerte útil, de holocausto, donde el apetito se pierde y el ala gana a la garra”.

Tan seguro estaba Luis de ellos, que días antes de su muerte, y en la oportunidad de encontrarnos un grupo de compañeros reunidos en el portal de mi casa, saliéndose del tema de la conversación que en aquel momento se llevaba, con un gesto muy suyo, rápido en el además, me detuvo la conversación y con sus ojos fijos en los míos, dijo: “Recuerda, cuando yo caiga toma mi reloj (aquel reloj de esfera negra, que siempre le acompaño) y llévalo tú hasta el día en que las campanas repiquen a victoria, y todo el pueblo se lance a la calle, con la voz ahogada de emoción por haberse logrado la libertad. Ese día te darás cuenta de que mi muerte no fue en vano”.

¡Como recordé sus versos a José Antonio, -el Primero de Enero-, cuando todos corrían llenos de alegría, gritando de emoción, como tú soñaste enarbolando tu bandera tan querida por la mañana radiante, abrazándose unos a otros llenos de esperanza al saber la Patria libre al fin!.

“Y por que me siento en esa realidad humilde,
que no te olvida.
Se que ese viaje tuyo,
con un reguero de plomo entre carnes…
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Esa cosa cierta por la que tú caíste,
está ya en marcha
para clavar tu historia…

¡Escribiste para José Antonio, y no sabías que escribías para ti también!.
Y tú, SERGIO, mi poeta amigo, mi maestro chico, ¡que fuerza de espíritu! ¡que grande tu nobleza! ¡Como sufriste por Cuba, que hasta en tus versos dejaste jirones del corazón!. Aún hoy, más que ayer, se estremecen los cuerpos, la emoción ahoga cuando leemos tus versos a la Patria que le tocó vivir:

“Cuerpos que yacen dormidos
abrazados al cemento
de una calle y a una estrella…
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puños que gritan al aire
el dolor de un pueblo esclavo
palmas que tocan las nubes
pidiendo al cielo que mire,
esta Cuba destrozada,
de rifle, bomba y dolor.

Y abrazados quedaron allí, en aquella noche de espanto, muy cerca uno del otro, y cerca también del Apóstol, siguiendo su mismo camino, llevando su luz, arrancando con su sangre generosa, la venda de tantos ojos ciegos.
¿Qué simbolizan ustedes para los jóvenes de hoy en esta generación nueva?. ¿para los hombres y mujeres de esta Cuba, que día a día se engrandece más en el sudor del surco, en la sonrisa bajo el sombrero de yarey, el olor a tabaco verde, a caña mojada, a tierra roturada por el trabajo creador?.

La obra comenzada por los mambises del 68, continúa en ustedes y en tantos hombres como ustedes que retaron a la muerte y aún muertos se llevaron la victoria; hoy se continúa en este pueblo que ha hecho del arado, la mocha y el martillo un arma de combate, porque ya comprendió cual es el verdadero puesto en la lucha.
Hay un reto en cada amanecer, los mambises de hoy, obreros y campesinos, se lanzan a librar una gran batalla, seguros de que su puesto de lucha es el primero, porque sus hijos ya no están parasitados, pueden ir a la escuela, su pan es seguro, su futuro, cierto.

Y detrás de todos ellos, junto a todos ellos, delante de todos ellos, van ustedes, van todos los mártires de esa gesta sublime que comienza en el año 1868 y continúa como un torrente de anhelos en toda una generación heroica.

Sora Fernández Concepción  (Fue militante del Movimiento 26 de Julio en San Juan y Martínez. Actualmente es Miembro del MININT).