Acción y Coraje

Mis simpatías hacia Luis y luego hacia Sergio fueron producto de sus arengas a los compañeros estudiantes las cuales eran brillantísimas; su actividad era constante y no había una manifestación o huelga donde ellos no participaran, unas veces arengando y otras organizando.

En uno de los años, creo que 1955, en que se celebró el “Día de la Dignidad Pinareña”, se encontraba Sergio, éramos muchos estudiantes distribuidos por la calle principal (Martí), junto a Sergio estábamos Efrén (el gordo) y yo, contemplando el desfile desde el portal de la Estrella preocupados por encontrar una forma en que se pudiera interrumpir el desfile; pero, la represión y la cantidad de soldados en la calle lo hacían difícil, entonces surgió una idea que inmediatamente pusimos en práctica. Comenzamos a llamar a algunos compañeros y nos fuimos acercando hasta el lugar en que estaban los micrófonos que trasmitían el curso del desfile; cuando nos habíamos posesionado, todos gritamos al unísono: “¡Abajo el tirano!” “¡Viva la Revolución!” repercutían nuestros gritos a todo lo largo de la calle. Inmediatamente bajamos hasta la esquina del teatro Milanés donde tuvimos que dispersarnos para evadir a la policía. Entre las cosas que se comentaban en el grupo era la idea de Luis para transportar la dinamita de un lugar a otro. Cuando enviamos a un compañero a recoger una gran cantidad de cartuchos, Luis se negó a que los trajera en la mano y se los ató al cuerpo con cordeles, así llegó hasta mi y después la entregué al compañero jefe de Sección, Manuel Nogueiras. En otra ocasión, enviaron a mi casa a Machaco para que lo pusiera en contacto con Luis y Sergio ya que estos le suministrarían dinamita, pues en La Habana escaseaba en aquel entonces. La misión se cumplió exitosamente.

Sergio era ágil, impetuoso y siempre buscando “trabajos” de acción, cuando no los había, me decía: “Mi hermanita, si no hay olor a pólvora y dinamita, vamos a oler a bonos y papeles; pero tenemos que hacer algo”.
Entonces se entorchaba la propaganda alrededor del cuerpo y la sujetaba con el cinto, así, la llevaba hasta San Juan y Martínez.

La anécdota más simpática que recuerdo de Luis y Sergio ocurrió en un momento trágico para mí. Fue en el primer juicio en que se me acusaba de lanzar cocteles molotov a la Escuela Normal de Kindergarten de Pinar del Río. Luisito y Sergio asistieron al juicio, pero a Sergio no lo dejaban entrar a la sala del Tribunal de Urgencia porque no vestía de saco. Entonces corrió a buscar uno y se lo pidió prestado a un abogado conocido; el traje era de una talla enorme y le llegaba a las rodillas, así entró al juicio donde todos nuestros compañeros se echaron a reir, a pesar de lo terrible del momento.

Luis me visitaba muy a menudo en busca de materiales inflamables y cápsulas que me suministraba el doctor Isidro de Armas. En una de sus visitas me pidió que hiciera una llamada al compañero Rojas, este se dedicaba a la venta de refrigeradores, el recado era: “Si llegaron los nuevos refrigeradores, se los enviara a San Juan”. A los pocos dias Machaco Ameijeiras, Felipe Yande y dos muchachos más, cuyos nombres de guerra no recuerdo, se presentaron n gran número de pastillas de fósforos vivo y cápsulas vacías para acciones de sabotaje.

Cuando fueron asesinados, mi mayor dolor fue el de no poder asistir a sus entierros por encontrarme enferma de los pies y tenía encomendada la misión de llevar, con otras compañeras de la Sección Femenina del Movimiento 26 de Julio una bandera cubana. Entonces juré que algo simbólico habría de realizar en memoria de ellos; por lo que organicé una “misa” que se dió en los Escolapios, ese era el pretexto para lograr un punto de concentración y después salir por las calles en manifestación protestando por el asesinato de Luis y Sergio. La manifestación fue interrumpida por la policía tan cobardemente como de costumbre, resultando brutalmente lesionados, Celina Bernal y Silvio Martínez.
Rosalba Bencomo

(miembro de Dirección Femenina del Movimiento 26 de Julio. Actualmente pertenece a las FAR).