Carta de Juan Oscar Alvarado

Señor Juez de San Juan y Martínez

Distinguido Señor:

Consciente del dolor profundo que en estos instantes halla morada en su corazón, he esperado unos días para escribirle estas sinceras líneas, portadoras de un fervoroso mensaje de adhesión a su pena irreparable. Los que, como yo, se honraron con la amistad de uno de sus hijos, tienen que haber sentido muy adentro todo lo infortunadamente acontecido. Compañero de Luisito cuando juntos cursábamos el 1er. año de Derecho en la Universidad de La Habana, pude apreciar su valor juvenil, su calidad de amigo y su decidido entusiasmo por las causas justas y dignas. Llegado el momento de separar a tantos jóvenes mediocres que en Cuba padecemos de los verdaderamente buenos, él se hallaba imprescindiblemente entre estos últimos. Precisamente por ser bueno y digo consigo mismo y con los demás, es que ya no podremos estrechar su mano amiga. La vida es dura y ardua tarea. Y morir con dignidad en el alma, es como seguir viviendo. Ojalá hallen Ud. y su señora esposa en breve resignación como padres.

No son Uds. los únicos que han ofrendado sus hijos a la causa de la patria, enseñándolos desde pequeños a amar la libertad y decoro humano.

Descanse en paz desde el cielo mi estimado amigo, al que jamás podremos olvidar. Respetuosamente, convirtiéndome desde este momento en su más seguro e incondicional servidor, queda de Ud.

Juan Oscar Alvarado